Su construcción se inició en el
último tercio del siglo XVIII, pero sus
orígenes se remontan al siglo XVI, cuando
surgió el proyecto de la “Acequia
Imperial”.
En 1510 los Jurados de
Zaragoza pidieron al Rey Fernando el Católico
el privilegio de sacar del Ebro una acequia
para mejorar y extender los riegos de la huerta
meridional de Zaragoza.
Gil de Morlanes redactó
un proyecto aceptado por Carlos I en 1529 para
construir la Acequia Imperial y durante 10 años
se construyó en Fontellas una presa de
sillería (aguas abajo de la actual),
una casa de Compuertas (el hoy llamado Palacio
de Carlos V) y una acequia desde El Bocal hasta
Gallur. Las dificultades económicas y
políticas, unidas a los problemas técnicos,
básicamente de nivelación, consiguieron
que las obras no llegaran a su fin.
Durante los siglos XVI
y XVII los problemas se incrementaron con sequías,
avenidas del río, cambios en la administración
de la acequia, etc.
Fue el 9 de Mayo de 1772,
gracias al impulso dado en el Gobierno por el
Conde Aranda cuando se nombró protector
del Canal a D. Ramón de Pignatelli, cuya
idea era construir un Canal que comunicara el
Cantábrico con el Mediterráneo,
aunando la necesidad de saciar los regadíos
de la ribera alta del Ebro y de cubrir los deseos
de navegación que permitiera transportar
directamente sus productos agrícolas
hasta el mar.
En 1782 las aguas cruzaban
el río Jalón por el grandioso
acueducto que actualmente se encuentra en servicio.
En ese mismo año,
llegaron las aguas del Ebro a la ciudad de Zaragoza.
Ramón de Pignatelli y Moncayo mandó
construir una fuente de gruesos chorros junto
a las esclusas de Casablanca, como celebración
y memoria de la llegada de las aguas del Ebro
por la vía del Canal Imperial a la ciudad.
Es la conocida Fuente de los Incrédulos,
donde se puede leer una inscripción en
latín que reza:
D.O.M.
INCREDVLORVM CONVICTIONI
ET VIATORVM COMMODO
MDCCLXXXIV
(Para convicción de los incrédulos
y comodidad de los caminantes)
De esta
forma dejaba constancia de un hecho gozoso para
Zaragoza y, al mismo tiempo, recogía
un reproche para las incredulidades y amarguras
pasadas durante su construcción.
En 1786 se inauguran los
Puertos de Casablanca y Miraflores.
En 1790 se colocó la última piedra
de la Nueva Presa de El Bocal.
En 1793 le sucedió el Conde de Sástago
que mandó edificar la Iglesia de San
Fernando y otros edificios, pero el proyecto
de terminar hasta Sástago quedó
truncado.
En 1799 pasó a depender
de la Junta de Caminos y Canales, siendo sus
Directores, Francisco Xavier Larripa (1799-1803),
Juan de Peñalver (1803-1810), Lapuyade
(1810-1814), Martín de Garay (1814-1820),
Barón de Castiel (1821), Miguel Otal
y Luis de Benecour (1821-1826).
En Mayo de 1873 se constituye
la Junta Administrativa del Canal Imperial siendo
a partir de entonces un Organismo Autónomo,
descentralizado.
Fueron sus directores Mariano
Royo y Urieta (1872-1900), Genaro Checa (1900-1916),
Antonio Lasierra (1916-1933), José María
Royo Villanova (1933-1936), Francisco Javier
Mutuberria (1936-1955), Gabriel Faci (1955-1981)
y Carlos Delgado (1981-1985).
En 1985 fue suprimido el Organismo Autónomo
y la Confederación Hidrográfica
del Ebro lo incorpora a su explotación.
En 1986 se constituyó
la Comunidad General de Usuarios del Canal Imperial
de Aragón que agrupa a todos los usuarios
y entre otras, tiene las competencias de la
recaudación y la administración
del agua y apoyo a la explotación de
la CHE.