En 1786, Pignatelli había promovido la
construcción de la Fuente de los Incrédulos
justo donde llegaba el agua, en las afueras
de la ciudad de Zaragoza. Más tarde,
en 1845, se inauguró en la actual plaza
de España la llamada Fuente de la Princesa
(la de Neptuno, hoy en el Parque), abastecida
por tuberías que provenían de
la acequia del Potarrón. A partir de
entonces, ya en la segunda mitad del siglo XIX,
se construyeron numerosas fuentes públicas.
Pero el gran salto cualitativo en el abastecimiento
se dio a principios del siglo XIX: con Antonio
Lasierra como director del Canal se emprendió
la construcción de nuevos depósitos
para asegurar la continuidad del abastecimiento.
Pero además
de Zaragoza, todos los municipios situados en
la zona dominada por el Canal Imperial han tenido
un desarrollo creciente siendo dicha infraestructura
una garantía para el progreso y el avance
de los distintos sectores económicos.
Éstos
a su vez le han correspondido con sus aportaciones
económicas que han permitido que dicha
obra pueda mantener su funcionamiento y garantizar
el desarrollo de esta zona.